La Historia de Dos Premios Alimentarios

Eric Holt-Giménez | 10.12.2015

Por Eric Holt-Giménez, PhD. Director Ejecutivo, Food First

¿Qué hay en un Premio? La política de distribución (versus) la del crecimiento.

El 14 de octubre en Des Moines, Iowa, El Premio de Soberanía Alimentaria será otorgado a la Federación de Cooperativas del Sur, dirigida por agricultores Afro-Americanos del Sur de los Estados Unidos y a OFRANEH—la Organización Fraternal Negra Hondureña.

El día siguiente, cientos de distinguidos invitados internacionales se reunirán en Des Moines, Iowa cuando Sir Fazle Hasan Abed acepte el Premio Mundial Alimentario en el nombre de la agencia de desarrollo rural no gubernamental más grande del mundo—BRAC.

Ambos premios serán otorgados en reconocimiento a la lucha en contra del hambre. Es aquí donde las similitudes terminan y la lección empieza.

Ambos premios serán otorgados en reconocimiento a la lucha en contra del hambre. Es aquí donde las similitudes terminan y la lección empieza.

Fundado en 1986 por el “padre de la Revolución Verde” Norman Borlaug, el Premio Mundial Alimentario celebra las innovaciones tecnológicas que incrementan los rendimientos agrícolas. Esto es porque el comité que otorga del premio asume que no hay suficientes alimentos en el mundo para alimentar a todos. En las últimas cuatro décadas hemos producido consistentemente 1 ½ veces la cantidad de comida para cada hombre, mujer y niño en el planeta. Sin embargo, todavía hay más de mil millones de personas que padecen hambre y están malnutridas porque son demasiado pobres para comprar alimentos. Otorgar el Premio Mundial de Alimentos a BRAC debe ser un recordatorio de que la pobreza, no la escasez es la causa principal de hambre en el mundo.

Para Fazle, haber recibido el título de Caballero y los 20 honores internacionales que ha recibido atestiguan el impacto positivo del trabajo de BRAC en contra de la pobreza. Su selección fue una movida segura para el Premio Mundial Alimentario, el cual ha sido fuertemente criticado por haber dado el año pasado el premio a un científico de la Revolución Verde y a una tríada de científicos de biotecnología del sector privado el año anterior. Sin duda, BRAC ayudará a restablecer el brillo perdido por el Premio en un mundo donde la ingeniería genética ha perdido gran parte de su credibilidad.

¿Refleja este honor un cambio en el paradigma del Premio Mundial Alimentario? ¿Está el emblemático faro de la Revolución Verde dispuesto a admitir que el hambre no terminará a fuerza de continuas variedades de cultivos industriales e insumos químicos? Es probable que no. Una revisión de casi treinta años de laureados con el Premio Mundial Alimentario revela uno que otro beneficiario que no encaja en el paradigma dominante de la Revolución Verde, (entre ellos, Hans Herren, Muhammad Yunus, George McGovern, Robert Dole entre otros). Aunque intermitentemente el Premio incursiona en campos como la ayuda alimentaria, el desarrollo económico e incluso la agroecología, siempre regresa a su discurso fundamental: Para terminar el hambre tenemos que duplicar la producción de alimentos. El corolario de este teorema es que solo con agricultura industrial basada en insumos químicos se puede realizar la tarea.

Que el planeta ha estado sobre-produciendo alimentos por más de medio siglo es irrelevante para los defensores de la Revolución Verde. Que los métodos agroecológicos de producción sean más baratos, más accesibles y consistentemente más productivos y más resistentes al cambio climático que los que ofrece la Revolución Verde, también ha sido escondido bajo la alfombra en las celebraciones del Premio Mundial Alimentario.

Los agricultores pobres producen más de la mitad de los alimentos del mundo—fundamentalmente las campesinas—que son la mayoría de las personas que sufren de hambruna en el mundo. Ellas necesitan más tierra, más agua y una mayor participación en el precio que pagan los consumidores por los alimentos. Pero el Premio Mundial Alimentario no entiende el hambre o la pobreza como un problema de distribución de recursos. Más bien, el Premio Mundial Alimentario cree que la hambruna y la inseguridad alimentaria son el resultado de la escasez. Sean cual sean las causas de la pobreza y el hambre mundial—en el Sur y en el Norte global—la solución para combatirlo es siempre la misma: el crecimiento. Crecimiento en productividad, crecimiento en aportaciones comerciales, crecimiento en crédito y crecimiento de los mercados globales. . .

Pero la oferta de alimentos per cápita ha estado creciendo un 12% anual desde hace varias décadas. Durante la crisis mundial alimentaria de los años 2008 y 2011, el mundo vio cosechas récord de granos. El problema de la hambruna es la pobreza. Los agricultores de escasos recursos—conforman 70% de la población con hambre en el mundo—son forzados a vender sus cosechas a bajo precio (porque son pobres). Luego, cuando sus suministros se terminan y los precios suben, sufren de hambre porque no pueden comprar alimentos en los mercados. El constante crecimiento de la agricultura con elevados insumos externos—principalmente soja para ganado, caña, maíz para biocombustibles y aceite de palma Africana—saca a los pequeños agricultores y pastores de su tierra destruyendo sus medios de vida, incrementando la pobreza y el hambre aunque se produzcan más alimentos.

¿Por qué el Premio Mundial Alimentario insiste en que la respuesta a la hambruna es crecimiento?

Porque enfocarse en el crecimiento nos permite ignorar los problemas de falta de equidad, explotación y la creciente disparidad de riqueza en el mundo. Nos permite ignorar el tema de la distribución de recursos—y su corolario: la re-distribución. Actualmente ochenta y cuatro personas poseen tanta riqueza como la mitad de la población del mundo. La brecha de riqueza está causando hambruna. Es fácil hablar de cómo hornear un pastel más grande. Es más difícil hablar de quién recibirá el pedazo más grande o de quién va a cortar el pastel.

Esta conveniencia política se hace evidente cuando vemos al Premio de Soberanía Alimentaria, en varias formas la antítesis del Premio Mundial Alimentario. Este premio tiene una historia más corta (y un presupuesto infinitamente menor) que el Premio Mundial Alimentario. Los laureados este año, la Federación de Cooperativas del Sur, dirigida por agricultores Afro-Americanos del Sur de los Estados Unidos y a OFRANEH fueron escogidos por su firme compromiso con los derechos humanos y su resistencia histórica de opresión.

¿Qué tiene que ver la opresión con el hambre? Todo.

La Federación de Cooperativas del Sur, fue fundada en 1967 en respuesta al movimiento de los derechos civiles donde, de acuerdo a sus fundadores, como persona negra en el área rural del sur

Tomabas tu vida en tus manos cuando ibas a todos lados. Especialmente si ibas a algún lugar donde estaban hablando de la libertad y la independencia y la agricultura cooperativa”.

Por cuatro décadas a través de 16 estados del Sur, la Federación ha promovido granjas y cooperativas, propiedad de familias y personas afro-descendientes, brindando formación en agricultura sostenible, silvicultura, mercadeo y comercialización, y ha propugnado en las cortes y las legislaturas estatales y nacionales por los derechos de los agricultores afro-americanos. Ellos se han proclamado en contra de la tendencia constante a la pérdida de la tierra de los agricultores afro-americanos que ha bajado de un máximo de 14% a menos de 1% de las tierras agrícolas en los Estados Unidos. Ben Burkett, agricultor y Director de la Asociación de Cooperativas de Mississippi (y presidente de NFFC—la Coalición Nacional de Granjas de Familia) afirma,

“Nuestro punto de vista es la producción local para el consumo local. Es apoyar a la humanidad como agricultores familiares. Todo lo que somos apunta a la soberanía alimentaria, el derecho de cada individuo sobre la tierra a alimentos sanos, agua limpia, aire limpio, tierra limpia, y la auto determinación de una comunidad local para crecer y hacer lo que ellos quieran. Nosotros solo reconocemos el flujo natural de la vida. Es lo que siempre hemos hecho”.”

El co-ganador del premio, OFRANEH de Honduras, se creó en 1978 para proteger los territorios y los derechos humanos del Pueblo Garífuna de la costa atlántica de Honduras. Esta población de ascendencia afro-caribeña han sido históricamente la minoría oprimida en Honduras. Sus tierras tradicionales han sido robadas para plantaciones de palma africana y para proyectos turísticos. El desplazamiento y la deforestación han hecho a los Garífuna extremadamente vulnerable a los eventos extremos asociados al cambio climático, por ello OFRANEH trabaja con los pueblos locales para construir resiliencia climática. La Coordinadora de OFRANEH, Miriam Miranda ha dicho:

“Nuestra liberación se inicia porque podemos producir lo que comemos. Esta es la soberanía alimentaria. Tenemos que producir para la autonomía y la soberanía de nuestros pueblos. Si seguimos [sólo] consumiendo no importa lo mucho que gritemos y protestemos. Necesitamos convertirnos en productores. Se trata de tocar el bolsillo, esa es la manera más segura de vencer a nuestros enemigos. Se trata también de recuperar y reafirmar nuestras conexiones con la tierra, con nuestras comunidades, y con nuestro territorio.”

¿Qué tiene que ver la opresión con el hambre? Todo.

La diferencia entre el Premio Mundial Alimentario y el Premio de Soberanía Alimentaria es la diferencia entre la “empoderamiento” empresarial y el poder político real. Mientras el uno implica un aumento en la agencia personal dentro del sistema existente—a través del éxito económico—el segundo se trata de cómo los recursos de ese sistema alimentario son asignados.

En comparación con el alcance de los impresionantes éxitos económicos de BRAC, los impactos de la Federación de Cooperativas del Sur y OFRANEH parecen restringidos, sus posiciones románticas; pequeños Davides en contra del Goliat del racismo institucionalizado y las imparables fuerzas económicas globales.

El Premio Mundial Alimentario nos provee una historia optimista de capitalismo popular exitoso, mientras que al Premio de Soberanía Alimentaria es una historia de resistencia y esperanza en contra de todos los obstáculos. Pero estas narrativas distorsionan nuestra comprensión del hambre y sus causas. El hecho es que para la gran mayoría de los campesinos del mundo, el éxito de BRAC es una excepción, no una regla. La norma es el despojo de tierras, el racismo, la hambruna, la violencia institucionalizada y los desastres climáticos—esta es la realidad diaria de las familias agricultoras y pescadoras de OFRANEH y la Federación de Cooperativas del Sur.

Si el espíritu empresarial promovido por BRAC es tan bueno para la población rural, entonces ¿por qué después de cuatro décadas y extenso reconocimiento internacional estas alternativas no se han convertido en políticas estándar en todas partes?

Claramente, algunos de los agricultores que han trabajado con BRAC están en mejor situación y sus historias de éxito se debe celebrar y replicar. pero el dar premios a alternativas optimistas no nos deberían cegar a las duras realidades de un sistema económico que niega a la mayoría de agricultores el acceso a las cooperativas, micro crédito, entrenamiento y servicios promovidos por BRAC. De hecho, a menos de que el “empoderamiento” capacite a las comunidades rurales para protegerse a sí mismos de las oleadas de despojo y del caos climático producido por el capitalismo global y la generalización de la agricultura industrial en el nombre de terminar el hambre, incluso esos beneficios pueden ser de corta duración.

El desarrollo económico es necesario para las comunidades oprimidas, discriminadas y explotadas de nuestro sistema alimentario. Pero es insuficiente porque no todo el crecimiento beneficia al pobre. De hecho, en gran parte les daña. El crecimiento económico sin redistribución del poder y la riqueza en última instancia refuerza los sistemas de explotación que existen. Sin control político sobre la tierra, el agua, los mercados y los recursos de producción de alimentos—sin soberanía alimentaria—el pueblo rural seguirá siempre expuesto a que el próximo proyecto turístico o una plantación de palma africana los deje expuestos a la pobreza y el hambre.

¿Que hay en un premio? La historia de dos paradigmas y la diferencia entre el optimismo y la esperanza, entre seguridad alimentaria y soberanía alimentaria—entre el statu quo y el fin del hambre.