Manifesto del VII Congreso Internacional de Agroecología, Córdoba 30 y 31 de Mayo y 1 de Junio de 2018

Observatorio de Soberaníá Alimentaria Y Agroecologíá | 07.05.2018

Este articulo es de Observatorio de Soberaníá Alimentaria Y Agroecologíá

Es urgente romper los moldes del heteropatriarcado y sus formas de dominación sobre los territorios y los cuerpos. Debe apostar por construir vidas que merezcan la pena ser vividas, incorporando la agenda de las mujeres y sus conocimientos para el sostenimiento de las mismas. La agroecología debe contribuir a la liberación y a la sanación de los cuerpos, denunciando las múltiples opresiones y violencias que se ejercen sobre los mismos. Una agroecología feminista debe construirse aceptando y reivindicando la diversidad, detectando y desarticulando las relaciones de poder, colectivizando los cuidados, construyendo espacios y prácticas de libertad y autonomía desde la interdependencia y nuevas formas de sostener la vida desde economías feministas y ecológicas.

Las personas reunidas en el VII Congreso Internacional de Agroecología: agricultoras, ganaderas, pescadoras, investigadoras, estudiantes, educadoras, comunicadoras, activistas, dinamizadoras y técnicas, pertenecientes a diversas organizaciones, redes, movimientos sociales, sindicatos, universidades, medios de comunicación queremos, en primer lugar, celebrar nuestra participación en este espacio de encuentro y de intercambio para construir sinergias y alimentar apoyos entre aquellas que trabajamos por la soberanía alimentaria y por un modelo agroalimentario que ponga la vida en el centro.

Desde Córdoba queremos hacer mención a las compañeras y amigas que en este momento también están reunidas en el Encuentro Nacional de Agroecología en Belo Horizonte- Minas Gerais- Brasil y también a las compañeras de La Vía Campesina que se han encontrado hace unos días en La Habana para compartir y seguir construyendo espacios de formación técnica y política entre el campesinado con herramientas pedagógicas propias ya que nuestras luchas son comunes y el intercambio entre nosotras es fundamental para fortalecer y enriquecer las diversas formas de resistencia.

Consideramos que la agroecología puede ser una herramienta para actuar ante muchos de los desafíos que estamos viviendo en la actual crisis sistémica (energética, climática, de biodiversidad, de destrucción de los océanos, de materiales, productiva, financiera, de desigualdades, política, etc.). Así reafirmamos la necesidad de trabajar conjuntamente y desde la base por la agroecología y por la soberanía alimentaria re-politizando los sistemas agroalimentarios y construyendo nuevos mundos donde quepamos todas. Desde aquí hacemos un llamamiento al activismo diario y a la articulación contra la institucionalización, la cooptación y la apropiación del término “agroecología” por parte de quienes lo utilizan para atender a intereses de un “capitalismo verde y azul” y un “desarrollo sostenible” que refuerzan las esferas orientadas a la acumulación de capital totalmente contrarias al cuidado y a la sostenibilidad de la vida.

Creemos que es urgente territorializar y democratizar la forma de satisfacer nuestras necesidades alimentarias rescatando los conocimientos, el legado cultural y las formas de relaciones sociales, económicas y ecológicas de la diversidad de culturas que existen en el mundo y fomentando la autonomía y la soberanía de los pueblos sobre los territorios que habitan.

Planteamos la necesidad de compromiso de la universidad y de otras instituciones públicas tanto en el apoyo a formas de investigación militante orientadas a la acción transformadora, como en el fomento de la construcción de alternativas agroalimentarias agroecológicas. Desde las instituciones académicas es fundamental la generación de un conocimiento útil a las comunidades locales y a los proyectos emancipadores a través de procesos que vinculen conocimiento científico y conocimientos situados, aplicados y locales. En ese sentido es fundamental plantear nuevas formas y estrategias de comunicación más democráticas y favorecer el papel de los medios de comunicación comunitarios que generan y comparten conocimientos e información.

La articulación política y la construcción de sujetos políticos más fuertes, diversos y con nuevos estilos y culturas políticas forma parte de este proceso de construcción colectiva de una alternativa y una resistencia al agronegocio, a los transgénicos, a la esquilmación y al abandono de pueblos, territorios y paisajes. Nos comprometemos a trabajar para reforzar y crear nuevos vínculos con quienes defienden otro modelo posible que pone la vida en el centro: productoras, campesinas, pescadoras, indígenas, consumidoras, académicas, oenegés, sindicatos, instituciones locales, estudiantes, etc.

Consideramos que el reconocimiento y aplicación del Derecho Humano a la alimentación y nutrición adecuadas y de la declaración para los derechos de las campesinas y campesinos y otras personas trabajando en las zonas rurales deben ser elementos clave en el avance hacia la soberanía alimentaria y, por tanto, todas debemos defenderlos.

La agroecología tiene que dialogar con otras perspectivas críticas como la economía social y solidaria para fortalecerse mutuamente. Esto supone enfrentarse al capitalismo construyendo alternativas que nos saquen de la crisis sistémica provocada por las élites políticas y financieras. Es necesario seguir avanzando para asegurar el acceso de la población más precarizada a la alimentación agroecológica pero también para desprecarizar cada vez más el trabajo en la producción de alimentos. Las experiencias agroecológicas y de economía social y solidaria son fuentes de inspiración de lo que pudiera ser un sistema económico distinto que quizás desencadenen la alegría de hacer y la traduzcan en actos y nos permitan probar que la realidad es transformable. Utopías construidas a partir de nuestro cotidiano y de la vida de las que comparten nuestra convivencia, nuestra comunidad, nuestra sociedad.

También necesita espacios de formación, articulados entre la academia y los movimientos sociales y campesinos, con contenidos y metodologías pedagógicas y de investigación apropiados y construidos colectivamente.

Además la agroecología será feminista o no será. Es urgente romper los moldes del heteropatriarcado y sus formas de dominación sobre los territorios y los cuerpos. Debe apostar por construir vidas que merezcan la pena ser vividas, incorporando la agenda de las mujeres y sus conocimientos para el sostenimiento de las mismas. La agroecología debe contribuir a la liberación y a la sanación de los cuerpos, denunciando las múltiples opresiones y violencias que se ejercen sobre los mismos. Una agroecología feminista debe construirse aceptando y reivindicando la diversidad, detectando y desarticulando las relaciones de poder, colectivizando los cuidados, construyendo espacios y prácticas de libertad y autonomía desde la interdependencia y nuevas formas de sostener la vida desde economías feministas y ecológicas.

Apostamos por una agroecología interseccional y queremos apoyar las luchas contra el capitalismo y contra el racismo que están teniendo lugar en los diversos territorios. Desde aquí nos solidarizamos con las compañeras estudiantes nicaragüenses que están sufriendo una brutal represión en estos días, con las compañeras Palestinas, con las Mapuches… Reivindicamos la rebeldía de todas estas luchas frente a la globalización del expolio, del hambre y de la pobreza.

Tampoco podemos olvidarnos de aquellas luchas que se están dando en nuestro territorio y que siguen, seguimos, peleando y defendiendo otras formas de vida, otras agriculturas, otras formas de pesca, otras ganaderías, otras comidas, otros medios rurales y otras formas de democracia. Las personas y los pueblos tienen que tener derecho a decidir sus políticas y sus formas de organización social.

Además, nos gustaría nombrar también a aquellas personas que ya no están pero que han dedicado su vida y han puesto el cuerpo en la lucha por la defensa del territorio como Berta Cáceres o tantas activistas asesinadas por creer en un mundo más justo. La compañera Sandra Santoyo, o nuestro compañero Mariano que falleció estos días en Asturias. Todas ellas están presentes en las que seguimos vivas respirando a través nuestros pulmones, trabajando con nuestras manos y luchando, soñando y rebelándose integradas en nuestra cabeza y en nuestros corazones.

¡Globalicemos la lucha, globalicemos la esperanza!