Más que un Salón de Bingo: Una Historia sobre Mashpee, su Tierra, Comida y Soberanía

Hartman Deetz | 07.29.2016

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Buddy Pocknett había estado pescando en el canal aquel día, sacando las trampas de langosta como lo había hecho desde que aprendió a caminar. Como su padre antes que él y las generaciones anteriores, Buddy vivía de la tierra. Como Buddy, su padre Vernon era uno de nuestros hombres queridos, pescador y cazador, yo imagino, que él nunca compró carne en una tienda. Cuando la electricidad llegó a Mashpee, en casa de los Pocknett se opusieron; el padre de Vernon pensó que iba a hacer a la gente dependiente del mundo de afuera. Vernon fue criado bajo la luz de las lámparas de kerosene y usando una estufa de leña – con carne producto de la caza y un jardín de vegetales. Vernon crió a sus hijos de la misma forma. Así que ese día, Buddy había estado pescando en el canal, cuando llegó al muelle el guardia de pesca estaba allí esperándolo.

La gente Mashpee tiene derechos aborígenes de pesca, pero generalmente los oficiales locales resienten cuando los miembros de la tribu ejercen sus derechos de pesca, no regulados por el condado ni el estado. El guardia de pesca decidió medir las langostas y encontró que una, según su cálculo, era muy pequeña. Entonces le dijo a Buddy que le iba a quitar todo lo que había pescado ese día, por haber cometido una pequeña infracción. Buddy le dijo que si él no iba a comer lo que pesco, tampoco el guardia de pesca iba a darle de comer a su familia esa noche. Así que lanzó las langostas de regreso al canal. El guardia de pesca lo roció con spray de pimienta, golpeo y arresto a Buddy por pescar de la forma que lo había hecho desde que aprendió a caminar.

El proceso legal tomó tiempo, pero eventualmente Buddy fue absuelto por la corte y declarado libre de todos los cargos. Al llegar a su casa proveniente de la corte, con los papeles del caso en su bolsillo de atrás, tres oficiales de policía se estacionaron atrás de él en el parqueo de su casa, alumbrándolo con sus luces. Los oficiales ni siquiera lo cuestionaron, simplemente atacaron a Buddy, golpeándolo hasta botarlo al piso y se pararon sobre sus rodillas; todo esto enfrente de su esposa y sus hijos pequeños. Le pegaron estando en su propiedad por haber pescado, un mes antes, una langosta que pudo o no haber sido muy pequeña. Todo el tiempo, Buddy les rogó a los policías que revisaran el papel que tenía en su bolsillo donde estaba la decisión tomada por la corte menos de una hora antes. Viejas heridas se abrieron; esa noche, la comunidad se encontró reunida en resistencia enfrente de la estación de policía en un pueblo que ha buscado desplazar a nuestra tribu de nuestras tierras ancestrales por muchos, muchos años.

Generalmente las personas nativas de las Américas son definidas únicamente en relación a la historia de los colonizadores. Casi nunca somos definidos desde los términos de nuestra propia historia. Como gente Wampanoag compartimos las historias del origen de este país, los Estados Unidos de América. Nosotros somos “los indios” que salvaron a los peregrinos de morir de hambre y les enseñamos cómo cultivar maíz. Pero nuestra tribu en particular no es importante en la narrativa colonial, aunque para nosotros nuestra identidad Wampanoag es muy importante como parte de nuestra historia. La historia del primer Día de Acción de Gracias (Thanksgiving) de mis ancestros en el siglo XVII es sólo una parte de una historia complicada, llena de historias entrelazadas, alianzas, engaños, guerra y traición.

Somos los Mashpee Wampanoag. Nuestra tribu está construyendo un casino. Para hacerlo, necesitamos establecer un fideicomiso federal. Para los residentes blancos de Taunton Massachusetts nuestro esfuerzo de establecer un fideicomiso de la tierra es sólo una maniobra política para construir el casino. Pero ellos entienden nuestra historia al revés: la única forma que tenemos para recuperar nuestra tierra y la soberanía para pescar y cazar como siempre lo hemos hecho-–sin tener miedo a ser golpeados-–es construyendo un casino.

Me enamoré por primera vez de mi tierra cuando tenía catorce años. Había venido a visitar a mi papá en Mashpee, Massachusetts yo venía de California donde había vivido desde mis dos años. Estábamos manejando por una carretera de tierra cuando mi papá me dijo, “Esta es la carretera Great Hay, una carretera antigua, esta carretera es más vieja que América”. Esta carretera de tierra que atraviesa los bosques de Mashpee sigue el Rio Mashpee desde la Laguna Mashpee hasta la bahía en South Cape Beach. Por miles de años mis ancestros han usado esta carretera para caminar de la aldea a la costa. Esta vieja y polvorienta carretera fue literalmente hecha por los pies de mis ancestros y yo puedo caminar sobre sus huellas. Caminar a la Bahía ha sido central en la vida de los Wampanoag por toda la eternidad. La Bahía es donde recogemos algas, almejas, mejillones, quahogs (almeja dura) y concha de vieiras. Es donde pescamos cangrejos, pescado azul o scup (tipo de pez Stenotomus chrysops). La costa es también donde sembramos: maíz, frijol, calabaza, alcachofa de Jerusalén, girasol y cebolla silvestre.

Para la gente Mashpee nuestra vida siempre ha sido la tierra. Cuando nací, mi abuelo Russell Peters era el presidente del Consejo Tribal. Su administración tuvo que pelear una demanda de tierra contra el pueblo de Mashpee la cual fracasó cuando la tribu fue descartada como demandante viable, después que nuestra identidad como gente nativa no fue reconocida. Descubrir esto en nuestro caso de demanda de tierra, llevó a nuestra tribu a hacer una de las primeras aplicaciones para el reconocimiento federal como tribu en 1974. Durante treinta y tres años nuestro caso de reconocimiento federal languideció en los juzgados donde fue sistemáticamente retrasado, mientras otros casos eran aprobados. Finalmente, en 2007 ganamos nuestro reconocimiento como tribu y en 2015 tras ocho años de negociaciones intergubernamentales, establecimos nuestro territorio como un fideicomiso (trust).

Yo nací en 1976, durante mi vida ha habido muchos cambios en Mashpee. Mashpee alcanzó el cuarto puesto como el pueblo con más rápido crecimiento en los Estados Unidos. En los años 1960s los nuestros formaban la mayor parte del pueblo, 800 miembros de la tribu. Hoy, incluso con 2000 miembros de la tribu, somos menos del 1% de la población de Mashpee. El paseo marítimo está lleno de mansiones, muchos de los caminos antiguos ahora son carreteras asfaltadas. Ha habido intentos, por parte de terratenientes particulares, de bloquear el acceso al agua a través de restricciones de estacionamiento, bloqueando carreteras y construyendo muros. Carteles de “No Traspasar” son abundantes en las nuevas edificaciones que impiden a los miembros de la tribu Mashpee el acceso a sus sitios de pesca tradicionales. Ahora, los miembros de la tribu compran la carne en el supermercado, situado donde tiempo atrás era el lugar favorito para cazar de mi tío.

Mashpee es el nombre del lago, “gran lago” es la traducción. El lago mana del río Mashpee y la gente Mashpee toma su nombre de estas aguas. Mi abuelo solía decir que la Gran Depresión nunca llegó a Mashpee, porque la gente de Mashpee no usaba el dinero. Vivían de la tierra –cazando, pescando y labrando como siempre habían hecho. Sin embargo, en los últimos cuarenta años esto ha cambiado. La gente que solía ganarse la vida pescando en estas aguas pasó a construir las casas de la gente que les había expulsado de sus sitios de pesca, y también los privó de su forma de vida. De manera distinta a la Gran Depresión, la crisis de vivienda del 2008 está expulsando a la gente de Mashpee fuera de Mashpee, yo soy uno de los expulsados. Pero la gente de Masphee somos Mashpee –el lago, el río, la tierra.

¿Tenemos el reconocimiento federal para poner nuestra tierra en un fideicomiso por un casino? Sí, pero es mucho más que eso. Cuando dependíamos de nuestros méritos para obtener nuestro estatus tribal, languidecimos en juzgados durante treinta años. Cuando los inversores del casino contrataron a intermediarios, nuestro caso avanzó y fue tomado en cuenta. Cuando finalmente se escuchó nuestro caso, se dijo que nuestros méritos fueron los más fuertes presentados ante la corte hasta el momento, con evidencia documental que se remonta a 1621. Pues sí, se trata de casinos, porque el mérito sólo no es suficiente. Puede que hayamos ganado nuestro caso por mérito, pero sin el dinero no podríamos hacernos oír.

Para mi gente, los casinos significan economía, soberanía y jurisdicción. Para los ciudadanos de Taunton es un generador de empleo. Algunos consideran que hay otras industrias en las que la tribu podría invertir para crear puestos de trabajo, y es verdad. Podríamos invertir en restaurantes, barcos de pesca, museos y tiendas, creando puestos de trabajo que ayudasen a la gente a permanecer en Mashpee. Sin embargo, este enfoque no sería posible sin la habilidad financiera de la tribu para invertir y ninguno de los anteriores genera el tipo de ganancia que crea un casino. Un casino puede ser el motor económico que financie nuestros programas de gobierno tribal, como financiamiento para pequeños negocios, ayuda para la vivienda, educación, conservación cultural e histórica, gestión de los recursos naturales, juzgados y representación legal y política.

Tenemos una larga historia de miembros de la tribu reivindicando sus derechos de caza, pesca y recolección, así como acceso al agua en todos los lugares acostumbrados y usuales. Estos derechos han sido usados para defendernos contra las multas de estacionamiento, violación de la propiedad, pesca sin licencia y poda ilegal de árboles, entre otros. Reivindicar nuestros derechos fue parte de lo que hizo el reconocimiento federal de nuestro caso tan fuerte. Tenemos una historia de casos de derechos tribales que empieza en 1833, con cartas de reclamación al estado -e incluso a la antigua colonia de Massachusetts. Abrir las puertas de un casino sería un acto adicional de ejercer nuestra soberanía jurisdiccional sobre nuestra economía.

Cuando podemos establecer nuestras propias leyes en nuestras propias tierras podemos hacer más que reivindicar nuestros derechos económicos, también podemos reivindicar nuestra jurisdicción legal. Para la tribu Akwasasne Mohawk de Nueva York, esto ha sido efectivo para la protección ambiental; el gobierno de la tribu ha establecido estándares ambientales para evitar la contaminación de la tierra y la polución del agua, los cuales son de los más restrictivos de la nación. Para los Akwasasne es una necesidad tener estándares altos, dada su conexión cultural con la tierra. Porque su gente depende de cazar, pescar y recolectar de la naturaleza, rechazan falsas soluciones como eliminar el pescado local de su dieta. Para los Akwasasne, como para muchos otros pueblos nativos norteamericanos, comer de la tierra va mucho más allá de la dieta, se trata de continuidad cultural. Se trata de las recetas, métodos de cosecha, el ciclo de las estaciones y las fiestas sagradas. Es su identidad.

Para la gente Wampanoag como la tribu Mashpee, nuestro año nuevo comienza con el retorno de los arenques. Al final de la primavera hay un soplo de emoción esperando por la pesca de los primeros arenques. Cuando se hace la primera pesca, se corre la voz por todo el pueblo. “Oíste que Buddy cogió los primeros arenques?… sí, abajo pasando la casa de reunión”. Ser el pescador que coge el primer arenque provoca envidia y admiración. Es todavía un honor entre nuestra gente. Después de que se corre la voz, el hombre de medicina-curandero, el jefe, los ancianos y los miembros de la comunidad en general se reunirán en torno al remonte del arenque metiendo las manos cargadas con maíz en el agua, cantando canciones y dando bendiciones al agua y a este pez que ha traído el retorno de la vida tras el invierno.

Tradicionalmente, los arenques eran ahumados y conservados para el consumo anual, y lo que sobraba podía echarse en el suelo para fertilizar los campos. Los arenques de este año serán ahumados y conservados para la época de escasez del invierno, cuando podrán ser comidos en seco o convertidos en una sopa o cocido.

Una semana después de que se fertiliza el suelo con los arenques, el maíz puede ser sembrado, posteriormente se siembra el frijol y la calabaza. Tradicionalmente, nuestra vida dependía del éxito de estos cultivos para sobrevivir el invierno. Sin el arenque no hay maíz, frijol ni calabazas. ¿Cómo podemos vivir como pueblo Wampanoag sin nuestro año nuevo? ¿Cómo podemos celebrar nuestro festival del maíz verde, nuestro acción de gracias de las fresas o nuestro día del arándano sin estos frutos de nuestra tierra? ¿Cómo nos vamos a llamar los Mashpee Wampanoag sin arenques nadando en el río Mashpee hacia el lago Mashpee?

En el mundo de hoy, proteger el río al que pertenecemos ya no es controlar las zonas de caza, ahora asfaltadas y convertidas en estacionamientos; no se trata tampoco de defender nuestros sitios de pesca de tribus vecinas, cuando el agua está siendo contaminada. Para defender nuestro río, nuestra tierra, nuestra madre Mashpee, debemos ser capaces de controlar el poder legal de la jurisdicción, los estándares ambientales y la aprobación del uso de la tierra. Debemos tener los medios para forjar el poder político y hacer que se cumpla. Este es un poder que viene con la fortaleza económica. La fortaleza económica de la comunidad viene con proyectos y negocios de la talla del casino.

Para algunas personas, Mashpee es donde viven o donde son propietarios de una casa o de algo de tierra. Para los Mashpee Wampanoag, nosotros pertenecemos a la tierra. Para la gente que ve el mundo como algo que les pertenece, el río, los peces y la tierra son mercancías para ser usadas. Para los que pertenecemos a la tierra, tenemos que defenderla como nuestra madre. Los peces y los árboles son nuestros hermanos y hermanas. Si no estamos aquí en Mashpee, ¿quién va a defender a nuestros familiares? ¿Quién estará aquí para hablar por esos que no tienen voz? ¿Se asienta en un casino nuestro fideicomiso de la tierra? Podemos decir que sí, porque el casino provee los recursos para que nuestra gente permanezca en Mashpee, para tener control soberano sobre nuestra tierra. Para los Mashpee, es un medio hacia un fin, un medio para cuidar de nuestra madre tierra.

Sobre el autor y fotógrafo:

Hartman Deetz es Wampanoag de la comunidad Mashpee. Nació en Massachusetts y se trasladó a Berkeley, California a los 2 años de edad. Desde los 12 años, Deetz se convirtió en un niño que pertenecía a las dos costas, después que su padre regresó a Mashpee (Océano Pacífico-Berkeley, Océano Atlántico-Mashpee). Deetz pasó diez años viviendo y trabajando en la comunidad en programas de educación cultural tribal. Deetz regresó a la universidad y en 2016 obtuvo su título en educación cultural y sustentabilidad de comunidades marginadas de la universidad Goddard College en Vermont. Deetz actualmente vive en Richmond, California donde continúa siendo un activista en la defensa de los derechos ambientales nativos con el grupo Idle No More de San Francisco.